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Terra
La Coctelera

S el largo

Ayer mi camisa negra y mis vaqueros elegantesperoinformales quedan con el jersey destartalado y las botas raídas de mi amigo S el largo para ir a ver una exposición a LABoral.

Hablamos sobre arte digital, nanotecnología y esas cosas y S se empieza a calentar. A medida que discurre la conversación la cosa se va alterando y S rompe: esto es una estafa, unos mangantes caraduras que tienen la sensibilidad de una patata cocida y el talento de.. etcétera. Intento tranquilizarle: déjame, que he venido a disfrutar de la exposición, luego vamos a tomar una caña y te despachas a gusto o lo olvidas para siempre. Nos separamos y se va enfurruñado a oler las vitrinas y tocar las luces con los dedos, parece que está investigando las piezas pero yo sé que las está poniendo a prueba, que las está metiendo en el pasapuré para licuarlas y poder digerirlas.

Dejamos la exposición atrás y S parece recien salido de un naufragio. Vamos a un bar en el que nos encontramos con una chica a la que conozco un poco y que ha ido a ver la exposición hace unos días. Hace tiempo que la cosa no se me pone a huevo con chicas a las que apenas conozco. Mientrs S pide algo de beber comenzamos a hablar con el típico interés mutuo que resulta evidente desde afuera. S vuelve y suelta dos barbaridades, ella recoge su bufanda y sale disparada. Lo miro: ya te vale tío. Él: qué -sonrisa sardónica y ojos de inocente-, no he hecho nada malo. Lo peor es que siempre tiene razón.

La lloca

Mirando al mar con un dedo largo, la escultura de Ramón Muriedas tiene una placita sin bancos para ella sola. Un lugarcito para mirar la ciudad y la mar desde fuera, centro de la distancia, los atardeceres de sol bajo y nubes rotundas. Sitio de coincidencia de conocedores de lo bueno que se solapan mirando al mismo sitio, con la mamá del emigrante haciendo de mamá de todos ellos, con la sensación de soledad y familia encima durante media hora.


Coj coj

No para de llover. La casa cubierta de ropa que tendida no secaba ni a tiros ni a caricias: camisetas colgando de las sillas, calcetines en el tendal portátil que cuelga de la mampara del baño, jerseys en perchas enganchadas a pomos que abren puertas de armarios con ropa seca. La lluvia bien para volver a casa y descalzarse, lanzar miradas furtivas a la gente maldiciendo, tirar fotos a las extremidades de las cosas mojadas. La lluvia mal para tender la ropa.

A pesar de la tos y la garganta inflada no puedo dejar de fumar algún que otro cigarro para dar consistencia a la lluvia tras la cristalera, crear escenas melancólicamente burdas. Coj, coj, fuuuh, -suspiro, coj. coj, coj.

Llueve y la gente nunca se acostumbra, a pesar de que todos los años se repite la misma escena. Voy a comprar: Cómo llueve, eh, llegaron las estaciones pasadas por agua definitivamente -yo-. No sé de qué se extraña la gente, estamos en Asturias. Aquí llueve. - la tendera-.
Y tiene razón, no sé por qué decimos tantas tonterías.

Amor bailongo

Qué tontos nos ponemos a veces

Ya no sé qué hacer conmigo

Pues eso.

Frío

Salgo a combatir el frío con mi cámara de fotos, la vieja, para dejar constancia de lo pronto que el sol se viene abajo y de que me resisto a cambiar mis bioritmos al son de la naturaleza: soy una persona artificial, como Risketos y tengo un forro polar que para sí lo quisiera un oso idem.

He perdido mano de diafragma aunque esto es como andar en bici y poco a poco el atardecer temprano y las señoras abrigadas con visones sintéticos y paraguas desmadejados son pasto de mi reflex. Me adapto a la cámara y tiro ocho o nueve fotos en media hora, yo también soy un poco analógico y al llegar a casa tomo nota de cada una en mi cuadreno de fotos sin fotos. Pasado mañana toca sesión digital desde casa y en casa, con la calefacción abrigandome el alma y mi compañero hurgando sobre mi hombro y haciendo sugerencias, todo hay que decirlo, apropiadas.
Esto de romper una relación potencia las habilidades aparcadas de una manera impresionable, sobre todo cuando todo el mundo está en casa y los teléfonos hierven y el café se toma en la soledad más caliente.

Resaca

Mañana resacosa con la cabeza que se expande y se contrae de manera inquietante.

Ya voy por el tercer café y subiendo, la cabeza palpita de nuevo. Ya no sé beber, con lo que yo he sido... cosas así, autocompasión sin pasión, dolor de pies como reflejo simétrico de la cabeza, la cocina sin barrer y todo es drama y asco. La lengua de esparto y las campanas de la catedral que me hacen odiar a la Edad Media, así en su conjunto, el tipo de estupideces que se hacen fuertes en momentos como este de mente macilenta que se arrastra como una babosa. Quisiera escribir cosas bonitas, pero no puedo.
Vaciando los bolsillos para dar de comer a la lavadora encuentro una servilleta arrugada en la que está escrito con letra espantosa lo siguiente:

"La noche se me quedó a medias y sin medias
que quitar, ni excusas
que poner"

Algo es algo.

Vázquez Montalbán

Cita anecdotante del bueno de Manolo:

Cuidado con los vasos que los paga el pueblo español.

(Juan Carlos I en el momento de retirar un vaso de whisky, situado sobre la cabeza de Maruja Torres)