He vuelto a un sitio muy familiar como quien regresa a casa y cuelga la categoría de exiliado en la percha de la entrada. Me he sentado en un sofá confortable por lo que tiene de evocador, no porque sea particularmente cómodo. He vuelto a fumar con la memoria porque toda adicción tiene algo de patria acogedora y así me siento seguro. He vuelto por placer, no por necesidad. Por curiosidad, no por imperativo categórico.

Soy así, no me niego ni me indulto. Los regresos y las huidas forman parte de la corriente natural de mi discurrir como el verdor de los bosques forma parte de la lluvia, como el culo de los abuelos da sentido a las banquetas raídas pintadas de blanco. Los detalles se resituan en mi cabeza, antes recreados, ahora localizables los miro. Echo de menos algunas cosas, telarañas y objetos que se han adaptado a otros hábitos. Hay pues una parte de reconocimiento y otros aspectos que me hacen sentir deshabitado y lejano. Sin embargo, los cambios son menos de los que yo esperaba, la parte confortable sigue ahí, la situación es mas familiar de lo que imaginé.

La cuestión es si me quedaré.