Ayer mi camisa negra y mis vaqueros elegantesperoinformales quedan con el jersey destartalado y las botas raídas de mi amigo S el largo para ir a ver una exposición a LABoral.
Hablamos sobre arte digital, nanotecnología y esas cosas y S se empieza a calentar. A medida que discurre la conversación la cosa se va alterando y S rompe: esto es una estafa, unos mangantes caraduras que tienen la sensibilidad de una patata cocida y el talento de.. etcétera. Intento tranquilizarle: déjame, que he venido a disfrutar de la exposición, luego vamos a tomar una caña y te despachas a gusto o lo olvidas para siempre. Nos separamos y se va enfurruñado a oler las vitrinas y tocar las luces con los dedos, parece que está investigando las piezas pero yo sé que las está poniendo a prueba, que las está metiendo en el pasapuré para licuarlas y poder digerirlas.
Dejamos la exposición atrás y S parece recien salido de un naufragio. Vamos a un bar en el que nos encontramos con una chica a la que conozco un poco y que ha ido a ver la exposición hace unos días. Hace tiempo que la cosa no se me pone a huevo con chicas a las que apenas conozco. Mientrs S pide algo de beber comenzamos a hablar con el típico interés mutuo que resulta evidente desde afuera. S vuelve y suelta dos barbaridades, ella recoge su bufanda y sale disparada. Lo miro: ya te vale tío. Él: qué -sonrisa sardónica y ojos de inocente-, no he hecho nada malo. Lo peor es que siempre tiene razón.

con amigos como ese no necesitas enemigos
Sólo faltó ahogarte con la caña.
Saludos
Nos reímos un rato, pero después, en el momento casi le ahogo.