S el largo
Ayer mi camisa negra y mis vaqueros elegantesperoinformales quedan con el jersey destartalado y las botas raídas de mi amigo S el largo para ir a ver una exposición a LABoral.
Hablamos sobre arte digital, nanotecnología y esas cosas y S se empieza a calentar. A medida que discurre la conversación la cosa se va alterando y S rompe: esto es una estafa, unos mangantes caraduras que tienen la sensibilidad de una patata cocida y el talento de.. etcétera. Intento tranquilizarle: déjame, que he venido a disfrutar de la exposición, luego vamos a tomar una caña y te despachas a gusto o lo olvidas para siempre. Nos separamos y se va enfurruñado a oler las vitrinas y tocar las luces con los dedos, parece que está investigando las piezas pero yo sé que las está poniendo a prueba, que las está metiendo en el pasapuré para licuarlas y poder digerirlas.
Dejamos la exposición atrás y S parece recien salido de un naufragio. Vamos a un bar en el que nos encontramos con una chica a la que conozco un poco y que ha ido a ver la exposición hace unos días. Hace tiempo que la cosa no se me pone a huevo con chicas a las que apenas conozco. Mientrs S pide algo de beber comenzamos a hablar con el típico interés mutuo que resulta evidente desde afuera. S vuelve y suelta dos barbaridades, ella recoge su bufanda y sale disparada. Lo miro: ya te vale tío. Él: qué -sonrisa sardónica y ojos de inocente-, no he hecho nada malo. Lo peor es que siempre tiene razón.




pablito dijo
con amigos como ese no necesitas enemigos
1 Diciembre 2008 | 04:53 PM