Comienza la semana deshilachada como un espantapájaros. La prensa cubierta de paja y los informes curriculares con grietas por las que se escapan los ratos libres mal considerados, el ocio convertido en problema. Viene la secretaria del centro con una carta y me la entrega como quien ofrece flores a un muerto. Marta -digo-, qué -responde con cara de fin de conversación- nada, deja -se va, creo que aliviada-.
Hago repaso de las últimas deserciones éticas retrospectivas, Kundera, Günter Grass, y pienso que la prensa también se aburre y saca cosas así pero en el fondo se lo traga todo para saciar un hambre de nicotina mecánico y soso. Me doy cuenta de que estoy fuera de bolos y aplazo los exámenes que tengo que corregir para otro rato, empleo el tiempo en idear una clase entretenida que me sirva para confirmar que vivo en otra galaxia histórica y política y termino leyendo poemas de Ángel Gonzalez convertidos en paraguas, refugio del sabor amargo de un lunes feo.
Te tuve
cuando eras
dulce,
acariciado mundo.
realidad casi nube
¡cómo te me volaste de los brazos!
Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz, sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca
presencia.
... agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos!

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