Después de departir durante jornadas maratonianas con las cabezas pensantes de mis alrededores íntimos no he llegado a ningun sitio. Como dijo el ingenio de la equivocación, he dado un giro a mi vida de 360 grados.
La ausencia de pareja pone a prueba la entereza de uno, la reconciliación mediante el diálogo de uno con sí mismo, miedos y pudores al descubierto, agujeros negros ocultos por el comodín de la pareja, posibilidades inexploradas. Pero al final todo se agota y la duda sigue sobre la cabeza como una nube gris que te persigue cubriéndote con el clásico calabobos. Y te acostumbras a la duda y la rentabilizas cuando se terminan las conversaciones ¿Tenía razón Heráclito? ¿Todo cambia cíclicamente, nada permanece? Las estrategias que creamos son también una manera de salvarnos, como la pareja y, ya se sabe, que cada uno se salva como puede. Jugar sin decir estupideces o decir estupideces jugando y así, escuchando a Sinatra con un buen whisky y mirando el atardecer, que es como se escucha a Sinatra. Ya lo decía Krahe, No todo va a ser follar.