Vaporetta man recorriendo la casa de abajo arriba piquipacapiquipaca el saturday morning, un descanso, un cigarro y unas líneas. La alfombra, los cristales, los restos de la cena, oh nena. Freddy Mercury rellena el vacío con su voz sobremuriente por encima del estruendo de la aspiradora.

Soy un don Limpio sin vigorexia, un pulpo veloz, una maruja con pinta de anarquista guerracivilista pañuelo en la cabeza y escoba al hombro. La batalla contra los ácaros la gano yo, la casa de mi vida la gano yo, el baño del domingo está listo para mí. El amoniaco hace que mis ojos se resientan. No pasa nada: me miro al espejo imaginando una escena drmática, un fulgor de estrella melancólica a lo Sunset Boulevard y, así, con la mirada dolida por lo que pudo ser y no fue, emprendo mi marcha al cuarto con un flisflis para los cristales, el arma definitiva que permitirá que el sol vuelva a entrar en casa.

Luego con mis medias galas de sábado vermú y comida al aire con M, que pocas cosas saben mejor después de la guerra que una buena pitanza.

Salud.