Rato de incordio sobre lo que había olvidado
Vivimos en un mundo atroz. Las flores se vienen abajo y los generales andan sueltos, la miseria es perra vieja a la que nos hemos acostumbrado y fulanos con tirantes y tripa se sientan sobre las democracias para defenestrarlas con sus residuos. Miro el último siglo y me devuelve un paisaje calcinado que desaparece entre el humo de la mezquindad y los colores de la televisión. Creo que la gente está cansada, se agarra a mentiras despiadadas como recurso para la supervivencia. Nos engañaron con el trabajo, con el ocio, con la venta de una liberación sexual tramposilla, con las urnas y con los detergentes. Sin embargo oigo un ruido de fondo, un murmullo subterráneo que corresponde a las corrientes del descontento, de la incomodidad. En el fondo tengo la esperanza de que se mantenga la certeza de que todo es mentira, que no somos zombis que se mueven por los supermercados más que para ventilar las obligaciones lo antes posible. Que el personal se divierte bailando entre las treguas que la vida tiene a bien conceder.
Acabo de ver la película Los hijos de los hombres, que recomiendo sin necesidad de compartir el vendaval derrotista que me estoy marcando. Es la vuelta de tuerca temprana, la ficción posible que engancha con la realidad que nos rodea, pero potenciada como corresponde al género. Además entretiene.
Felices sueños blog.





puntodelectura dijo
Esa peli la fui a ver al cine, le tenía muchas ganas y aunque la trama me gustó creo que podría haberse sacado mucho más de tan buen tema!
un saludo
28 Marzo 2007 | 10:42 AM