"(...)Resbalando por las rendijas cebreadas de la estufa que acaricia al gato que mira cómo me fumo una gamba enfundada que es calor y costumbre, placer revolcándose, taranta a cielo abierto, azucar glaseado sobre ciertas espaldas.
La tarde se derrumba y los ojos y las manos se abren. Bajar la escalera y tomar una copa con Paquito de Lucía y lo rico de alguna gente con la que bailo al natural sin que sospechen que todo cabe en una de esas rendijas cálidas de mi estufa y recordar que a veces, además de inevitable, es bueno no pensar demasiado las cosas(...)."

Esto es una parte de una carta que mi amiga A me mandó mientras disfrutaba de unas vacaciones de invierno en el Sur. Como no podías ser de otra manera me fuí para allá en cuanto pude.